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Agustà Centelles no fue el único fotógrafo catalán de los años 20 y 30 que, sepultado por el desastre de 1939, pasó al olvido. Es más, fueron muchos los que corrieron una suerte mucho peor y hoy son bien conocidos solo por unos pocos especialistas.
Una web activa desde hace pocas semanas (www.gabrielcasas.cat), realizada por el documentalista del Arxiu Nacional de Catalunya (ANC) LluÃs Saura, ofrece una amplia base de datos biográficos e imágenes con el objetivo de empezar a reparar uno de los casos más clamorosos, el de Gabriel Casas (Barcelona, 1892-1973), cuyo fondo está disponible desde 1995 en el Arxiu Nacional de Catalunya pero que no ha sido objeto hasta ahora de una exposición antológica ni de un estudio global.
«Es un fotógrafo injustamente no reconocido por lo innovador y creativo que fue, era un fotógrafo convencional que en cambio captó el lenguaje de la vanguardia», opina el historiador del arte Daniel Giralt-Miracle. Según la presidenta del Centro de FotografÃa Documental de Barcelona, Laura Terré, el olvido de Casas «es un caso que se repite con los fotógrafos de la época dorada de la República, sobre los que no hay ni siquiera la investigación académica de base necesaria para posteriores estudios o actividades de difusión».
LENTA LABOR DE RECUPERACIÓN / La hija de Gabriel Casas, Núria Casas, y el pintor Robert Llimós –que se instaló en el antiguo estudio de Casas y mantuvo allà la mayor parte de su archivo– cedieron en 1995 los casi 21.000 negativos conservados en el ANC. Poco después, por iniciativa del abogado Josep Cruanyes y del periodista Josep Maria Huertas Claveria, se celebró una primera y reducida exposición en el Col·legi de Periodistes. Y en el 2002, el ANC dedicó una muestra a sus fotomontajes, a partir de los primeros trabajos sobre Casas de Imma Navarro y Juan Naranjo. Mientras, se seguÃa un lento proceso de restauración, digitalización y catalogación del archivo, al que ha seguido un trabajo de descripción de las imágenes, entre los años 2004 y 2009, a cargo de LluÃs Saura.
«La verdad es que creÃa que, con las imágenes consultables en el Arxiu, se podrÃa haber hecho más cosas, pero ha quedado olvidado. Que al menos se escribiera un libro sobre él es lo que me gustarÃa», lamenta Núria Casas. La web que, de momento, cubre el vacÃo existe gracias a su aportación económica, la colaboración de la empresa Jagova65 y el trabajo de Solà , que ha volcado en ella parte de la información que acumuló al documentar el fondo.
LA TRAYECTORIA / Casas fue introductor de las tendencias vanguardistas en la fotografÃa catalana, puntal de las revistas que representaban la modernidad, la catalanidad y el buen gusto en la Barcelona republicana (Mirador, Imatges, D’acà d’allà ), fotógrafo oficial de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, fotoperiodista en diarios republicanos, colaborador del Comissariat de Propaganda y cartelista comercial y para Acció Catalana Republicana. Pero después de 1939 nunca pudo volver a publicar en prensa por su pasado republicano y por su negativa a mostrar su adhesión al régimen para lograr ser rehabilitado. Igual que Centelles, se dedicó a la fotografÃa industrial, además de trabajar para la revista S’Agaró gracias a su relación con Josep Ensesa.
Aún hoy, algunas de sus imágenes más conocidas (como los retratos de Pompeu Fabra, Josep Maria de Sagarra, LluÃs Millet o Josep Maria Planes) son reproducidas a menudo sin citar su autorÃa y la única vertiente de su obra bien conocida son sus fotomontajes, dejando en la sombra sus retratos e imágenes de la vida nocturna, deportiva y teatral de la ciudad. Otro elementos que ha jugado a la contra de un reconocimiento más amplio es que su producción fotográfica durante la guerra civil fue escasa, mayoritariamente desde la retaguardia. «Ya le cogió mayor, y lo que le apasionaba era la belleza y la estética: huÃa de los temas escabrosos y nunca de la vida habrÃa podido fotografiar a muertos», recuerda su hija, Núria Casas.
UNA CAJA PERDIDA / Los negativos de ese periodo, que podrÃan servir para identificar muchas imágenes publicadas sin su firma, se perdieron. Casas, como Centelles, guardó sus negativos más comprometidos en una caja: escondida en una galerÃa al aire libre por unos familiares. La intemperie acabó con ellos.
«Allà debió de guardar las fotos importantes», se lamenta Núria Casas, que tiene indicios de que hay obra de su padre en varios archivos españoles después de haber sido incautada. La poca información que transmitió Gabriel Casas sobre sus años dorados ha sido un elemento más que ha dificultado también la labor de reconstrucción de su figura. «No querÃa hablar. Perdió la ilusión y solo sobrevivió. A veces –concluye su hija– creo que mi padre murió en 1939». |